Domingo 17, 12:00, El retablillo de don Federico

A sus siete añitos, Federico García Lorca, vio instalarse en la plaza de su pueblo una carreta de titiriteros.
La conmoción de presenciar el espectáculo fue tal, que dejó al pobre niño con fiebre por la emoción y lo marcó para siempre. A tal punto que los títeres y el teatro serán habituales en la obra del poeta.
Esa emoción es la que queremos reproducir en los niños, la del retablillo de títeres, cantos, poemas e historias que llegan a su casa, a su barrio o a su teatro, a divertir y hacer sentir. Además no van a ser unos comediantes cualesquiera, sino la compañía inspirada y “dirigida” por el mismo Federico.

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